Ella se despertó un domingo más. Ayer fue sábado, y se quedó entre las sábanas pensando qué había hecho el fin de semana. Un fin de semana más sola en casa. Desde hacía bastante tiempo esos eran sus fines de semana. Salir durante el día un rato quizá con alguien, la mayor parte de la veces sola, y dar una vuelta por la ciudad. Al principio estos fines de semana eran esporádicos. Pero poco a poco se habían convertido en algo habitual. Salir el sábado a dar una vuelta sola y pronto a casa a cenar unas palomitas mientras veía una película sola en su casa. De vez en cuando le gustaba abrir una botella de vino, para imaginar que estaba con alguien tomando algo en la calle, charlando, teniendo la vida social que antes había tenido.
No sabía en qué momento esto había pasado a ser su rutina. Llamaba a alguna amiga o a algún amigo y solía encontrar alguien con quien quedar. Pero poco a poco se hacía cada vez más difícil. Todo el mundo tenía planes al margen de su vida. Sentía que se había quedado sola. Y para evitar la decepción de sentirse rechazada había decidido no llamar nunca más. Sentía que todo el mundo avanzaba en la vida y ella no lo conseguía. Su vida se había convertido en un callejón sin salida. Rutina. Trabajar. Pasar un tranquilo fin de semana en casa descansando. Y no sabía cómo salir de esa situación.
Cada vez se sentía más sola.
En clase… escribir o sucumbir.
Hace 12 años