Bueno, aquí estamos tras muchos meses de nuevo, ya por fin en mi casa, me despedí con mucha pena de mis alumnos de Algatocín y recibí con miedos y con ilusión (sabeis, ese cosquilleo nervioso que se pone en la barriguilla ante lo desconocido) mi nuevo trabajo.
Bueno, el curso ya está terminando, pero os lo cuento ahora, en un hueco que me he permitido entre tema y tema. Trabajando en Sevilla capital, concretamente en Bellavista, en un instituto mediano, con gente humilde y con unos niños muy divertidos, sobre todo los pequeños, y los de 2º y los de 3º también... no quieren estudiar y me enfado con ellos, pero claro, son niños, su trabajo es fastidiarme.
Aunque de vez en cuando también me hacen la pelota.
En fin, aquí teneis una foto de mis últimos días en Algatocín... del frío pasamos a la luz. Literalmente salí de la niebla y no quiero volver a entrar nunca más.
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